Estamos en momentos llenos de oportunidades para nuestra generación. La oportunidad de dejar una huella para la construcción del presente y futuro de todas y todos nuestros ciudadanos. Y ello, requiere la conciencia clara de que lo que estamos viviendo hoy, es nuestra responsabilidad, que no es posible eludirla y que de nosotras y nosotros depende construir ese nuevo camino.

Debemos convocarnos en una nueva misión, una misión que le permita a Chile, a las chilenas, chilenos, a todas y todos quienes vivimos en está larga y angosta faja de territorio volver a encontrarnos con un propósito común.

Los desafíos que nos ha puesto la historia son los de adaptarnos a un cambio climático que deja una huella de destrucción, desplazamientos y escases a millones de seres humanos, que destruye los ecosistemas, extingue a miles de especies en todo el planeta. La causa es conocida. Nuestra forma de producir, de reproducir las necesidades de quienes ostentamos con soberbia el más alto escalón en la cadena alimenticia.

¿Cómo lo enfrentaremos? Nuestra adaptación no es sólo cuestión de mitigar, no es sólo un asunto de buenísimo ecológico. Nuestra tarea es cambiar la forma en que producimos, intercambiamos y organizamos nuestra vida en el planeta tierra. Ello requiere comenzar a construir las bases de ese nuevo futuro, el único que nos permitirá sobrevivir en este planeta y por, sobre todo, dejarle un mundo mejor de como lo encontramos a nuestras y nuestros hijos.

La tecnología, el avance de las ciencias amenaza la democracia y la libertad, y para ello, debemos pensar que nuestras formas de organizarnos deben protegernos de ser capturados por quienes controlan el poder de dichas ciencias. Democratizarlas son un imperativo de este siglo

Los mayores avances en la tecnología, la ciencia nos ha llevado en las últimas 3 décadas a vivir revoluciones impensadas en los milenios anteriores, nunca la velocidad de los cambios fue tan rápida. Sin embargo, vivimos con la amenaza que el instrumento se convierta en objetivo, que la herramienta se confunda con nuestra experiencia de vivir. La tecnología, el avance de las ciencias amenaza la democracia y la libertad, y para ello, debemos pensar que nuestras formas de organizarnos deben protegernos de ser capturados por quienes controlan el poder de dichas ciencias. Democratizarlas son un imperativo de este siglo.

Pero cómo miramos hacia el futuro si aún no podemos resolver los mínimos necesarios del pasado. Cómo lograr enfrentar el cambio climático y el avance de las ciencias si todavía millones en el mundo y miles en nuestro país aún no cuentan las mínimas bases de bienestar social que les permitan comprender y actuar sobre los desafíos del futuro. Es la oportunidad de señalar con claridad nuestra misión: construir un Chile verde y emprendedor.

Somos una comunidad pequeña al sur del mundo, pero tenemos la misma inteligencia, la misma dignidad de que en las próximas tres décadas completemos la misión de ser el primer país con desarrollo sostenible y un Estado verdaderamente emprendedor en América Latina

Verde, porque no es posible pensar ya solamente en el crecimiento y el desarrollo puramente económico. Porque es de vital importancia sentar bases para un cambio económico, social y ambiental sostenible que ponga en el centro el bienestar ecológico y de los seres vivos que habitamos el territorio por sobre las ganancias de capital y la competencia destructora que nos terminará extinguiendo. Y para tener las herramientas necesarias y poder construir ese camino necesitamos un Estado y un Mercado capaces de unir fuerzas con las y los ciudadanos en una relación integradora, en un propósito común, en una sola misión. Dejando atrás el discurso binario, las viejas recetas y colocando la innovación y la colaboración como los valores dominantes de una sociedad que busca la felicidad a través de la satisfacción de sus necesidades sin destruir el ecosistema.

Proponemos una reindustrialización verde que aprovecha nuestras potencialidades como país, pero donde no basta la misma lógica de inversión y explotación de materias primas, sino que conducimos un nuevo desarrollo de la mano de la gente que debe ser parte de ese nuevo desarrollo sostenible y humano. Donde Estado y Mercado actúan como herramientas de la construcción de nuevas industrias, nuevos servicios, nuevos empleos, educación, vivienda, seguridad y salud a la altura de nuestra propia forma de comprender el bienestar.

Integrados a un mundo global, pero no para estar al final del tren del futuro, y tampoco debajo de él esperando que caigan las migajas de quienes son los primeros responsables de la destrucción del planeta, sino que de producir una cultura de la competencia y destrucción. Somos una comunidad pequeña al sur del mundo, pero tenemos la misma inteligencia, la misma dignidad de que en las próximas tres décadas completemos la misión de ser el primer país con desarrollo sostenible y un Estado verdaderamente emprendedor en América Latina.

Una misión que requiere un acuerdo transversal, sin vetos ideológicos pasados, con una nueva mirada eco-progresista y con la esperanza que nos trae un proceso constituyente que sentará las bases para que la Misión sea un éxito. Coloquemos ahora nuestra voluntad, porque somos los responsables, tenemos el compromiso de iniciar un largo camino que traerá prosperidad y felicidad a todas y todos quienes vivimos en Chile y sobre todo para quienes vendrán en el futuro.

Autor

Sociólogo, Máster en Medio Ambiente: Dimensiones Humanas y Socioeconómicas

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