Las declaraciones de José Antonio Kast, respecto a que en la Dictadura de Pinochet no hubo detención de opositores y se realizaron elecciones; unida a las aseveraciones de Sebastian Depolo, vocero del comando de Gabriel Boric, respecto a que Cuba y Venezuela  eran Democracias incompletas; instalan el negacionismo como un eje central de las próximas elecciones. 

Los chilenos y chilenas deberán, después de dos décadas volver a elegir candidatos presidenciales sometidos a una ecuación binaria que creíamos erradicada.

No deja de provocar desgano porque implica un retroceso. Es como regresar a la Guerra Fría, relativizar la importancia de los DDHH y soslayar la relevancia de la soberanía popular. En uno u otro caso tales afirmaciones implican una negación de estas piezas elementales de una sociedad democrática.

Quizás en el caso de Kast para muchos esto no sea un sorpresa, porque se conoce su total adscripción a la Dictadura Cívico Militar de Pinochet; lo que sí es inesperado es que ponga de relieve esa posición a días de la elección. Porque en toda esta campaña había cumplido un estricto libreto populista, dejando de lado «definiciones ideológicas», aludiendo a «los problemas reales». Lo suyo era la delincuencia, el impacto de la migración, la corrupción de los políticos, etc., ideas de mayoría, no estos juicios pro dictadura que lo sitúan en la minoría. Sin duda un error.

El negacionismo de Kast no es sólo una falta de respeto hacía las víctimas, sino que también a la democracia, porque no hay posibilidades de construir una sociedad libre y justa allí donde se soslaya o avala el exterminio, la tortura y la persecución.

En el cuanto a Depolo muchos explican esta segunda salida del tiesto por la inexperiencia de su sector. Pero, convengamos que en su caso esto es «estirar un tanto el chicle» (tienen 45 años) por tanto la mirada respecto de Cuba y Venezuela, parecen nacer más de la meditación que del desconocimiento. Y, entonces, flaco favor es el que se hace a la postulación de G. Boric porque la sitúa en la relativización de la participación ciudadana, la ampliación de la democracia participativa y la descentralización todas materias contenidas en su programa.

Cuba y Venezuela no son modelos democráticos. No hay democracias a medias como no hay DDHH respetados en la medida de lo posible. La libertad es la que protege a las sociedades, no los dictadores ni los grupos de iluminados. Allí donde no hay libre expresión, alternancia en el poder, diversidad de prensa o libertad de reunión, desplazamiento u organización, no hay democracia.

Algunos se enojan porque los partidarios de Yasna Provoste hablamos de «extremos», pero la fuerza de los hechos, las palabras, los juicios y las declaraciones hablan por sí solas.

A una semana de las elecciones muchos esperamos que no sólo prime la cordura, sino que se avance en la erradicación de posturas que no aseguran la construcción de un futuro con más libertad y desarrollo, en una sociedad más justa y sobretodo, cada vez más democrática.

 

 

 

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